lunes, 16 de junio de 2014

¿Hace falta que sea amor para entrar al corazon?

Un día solitario para el, un día solitario para ella. El día más largo de sus existencias. Apenas se conocen, pasaron momentos extraños.
Bajo un árbol se besaron una vez, en la oscura plaza pero no hubo palabras encantadoras, casi muecas de sonrisas. Y ella se fue, pero no con el. Ambos están en distintos lugares y acostados en sus camas pensando muchas cosas y nada a la vez.
Por momentos él se acuerda, ella con más frecuencia. La caminata en subida por esa calle de una sola mano, acompañándola hasta la altura de su casa, y no esperando que ella se tome el colectivo, eso… para no ser vistos.
Una confitería los encontró una vez, ambos con su bando de amistades. Y ella volteo a mirar, y el un guiño le dio al azar. Pero no fue más que una merienda con unos metros de distancia que ambos tomaron con sus respectivos amigos. Y ese guiño  no significaba que si el moría ella moría con el, no significaba nada.
En otra oportunidad tuvieron otro encuentro fugaz el ultimo donde un beso que pareció el mas apasionado de todos los que se habían dado, resulto ser el ultimo.
Nadie les dijo adiós, nunca se dijeron adiós. Tan solo cada uno siguió con sus vidas. Pero pasaron los años y ella con su vida formada inevitablemente pasaba por su casa. Nunca hubo olvido con el. Pero ese ultimo beso no significo que donde él fuera ella iría, no significaba nada.
Aun así el tiempo paso hasta que ella decidió mandar una señal…  El respondió inmediatamente, pero ambos habían cambiado, sus vidas eran diferentes. Sin embargo había algo que ella no entendía, porque la llevo a buscarlo cuando no lo necesitaba, cuando su vida estaba perfecta, cuando su vida no tenia problemas… pero tal vez eso era lo que ella quería: necesitar, imperfecciones y problemas. Sin embargo había algo que el no entendía, ¿por qué ella volvió? El hacia unos meses estaba en un drama amoroso con otra persona, y como enviada por Dios o por el Diablo ella apareció para confundirlo. Para que se cuestionara si había dejado de ser el Don Juan que era y no le importaba nada o si realmente tenía sentimientos y fuerza para luchar por ellos.
Y de mensajes a llamadas en un mes se hicieron cercanos a la distancia. Hablando más de lo que pudieron hablar cuando algunas veces se vieron a la cara. Ella quería verlo, le pedía verlo, el nunca cedía, y así pasó un mes.
Ella arrepentida de lo que había destapado totalmente del pasado y viendo que no iba para ningún lado, decidió no luchar más por algo que simplemente estaba en su cabeza. Ella era puro sentimiento, asquerosamente sentimental. Hasta que llego el mensaje de aquel Don Juan de que se vieran, en su departamento. Ella no sabía si era el viejo personaje o el nuevo, pero no confiaba en ninguno de los dos. No sabía si iba a sufrir un desplante o que iba a pasar. Pero era lo que justamente quería: problemas, adrenalina. Muy segura de lo que pasara sabia, en el fondo, que no se iba a equivocar.
Accedió y se encontraron cara a cara en un departamento cercano a esos arboles. Todas las luces encendidas, un sillón, una cocina, una habitación, un televisor, una cama de una plaza y una mesa de luz. Como toda mujer paso al baño, se miro al espejo y no se preguntó que hacia ahí. Se preguntó ¿Cómo llegue a esto? Pero no se arrepentía, el silencio rompía cualquier tímpano y ella necesitaba orinar. Fue su situación más embarazosa de todo el año, la numero uno de su top ten.
Salió a enfrentarse a lo que le esperaba, hablar.
Se sentó en la cama, se sacó las largas botas negras. Él estaba acostado sin zapatos también, pasaba una mano detrás de su cabeza, tenía una camisa blanca con dos botones desprendidos que dejaban ver sus meses en el gimnasio tal vez... Sin embargo ella a pesar de apreciar lo glorioso que tenia en frente, saco un tema de conversación.
Y así fue como ella vio que de sexy él paso a ser un bollito de incertidumbres, penas, desasosiego por esta persona de la que reiteraba estaba enamorado. Y fueron unas 3 o 4 horas que ambos estuvieron es la misma posición o no pero sin ninguna pretensión más allá de la charla, con una botella de agua de medio litro que compartían.
Era tiempo de partir, fue un encuentro de confesión donde ella prácticamente hizo de sacerdote. Al salir del departamento ella se paró y no avanzó con él, se quedó parada. Sabía lo que quería, y él sabía que ella quería algo. Entonces se acercó lentamente y ella le dijo: “¿te puedo abrazar?” y lo hizo pero él no abrazo tanto, siempre fue distante.
Al llegar el taxi ella se fue, con una sensación rara. Llego a su casa y recibió un mensaje que decía “gracias me hizo bien hablar con vos, algún día te lo voy a agradecer de otra forma pero por ahora espero que te conformes con este mensaje”. Ella supuso que se refería al medio abrazo que el le dio, pero ella quería el abrazo en ese momento. En fin.
Pasaron unos meses y ella no volvió a saber de él, tal vez si él de ella.
Hasta que luego de esa espera que fue desapareciendo para ella, le llega un mensaje
Él: “…”
Ella pregunta: ¿todo bien?
Él contesta: “???”
Ella: ¿que pasa?
El: nada nada
Ella: Ojalá fuera así
Un día solitario para el, un día solitario para ella. El día más largo de sus existencias. Apenas se conocen, pasaron momentos extraños. Hoy es el día mas largo y ambos lo sienten, ambos esperan alguna noticia del otro, ambos tienen cosas por decir, pero el día es largo hoy nadie va a ceder.  Y van a venir mas días solitarios en su corazón, en su alma, porque donde este él, ella va a estar con él; y si ella muere, él no va a morir pero tal vez lo preferiría.

Algo los unió un día, y si no es en ésta tal vez será en otra vida, no hay nada en común pero el nunca conoció alguien que lo completara como ella, que lo entendiera como ella, que lo quisiera tan raro como ella. Y ella nunca va a encontrar una persona que la ignore de la forma que él lo hacia y lo hace, porque nadie la ignora, nadie la rechaza. Y eso para ella siempre fue su punto débil y él lo sabía. Ella no se debilitaba por su cuerpo, por su físico, por su mirada o su voz. Ella se debilitaba con solo escuchar su nombre por eso nunca lo pudo sacar de su vida, estaba en el aire que respiraba que entraba en la sangre y llegaba al corazón. Entonces siempre iba a estar ahí, siempre va a estar ahí.

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