Soy humana de carne y hueso, tengo vida útil para este planeta. Pero mi cerebro es un metal blando, de color blanco plata... es de litio. Tengo ese egoísmo moral, y he obrado tantas veces para mi propio interés, pensando que era la única forma, realizando acciones que ayudaban a los demás, a la vida en la tierra. Ese ayudar me daba un beneficio propio, era un medio para lograr algo provechoso. Ahora no lo hago porque decidí preocuparme primero por mi, y siento que es lo menos egoísta que he hecho en mi vida. La bipolaridad ya me caracteriza en libros como egocentrista, y no se equivoca la verdad. Siempre creo que mis propias opiniones e intereses son mas importantes que las de los demás, no puedo evitarlo. No puedo ponerme en el lugar del otro. El mundo gira alrededor de una individualidad y lo que no se ajusta a ese mundo que es mio siempre lo rechaze o desvalorice.
Pero soy humana, y no implica que sea perfecta. No hablo levantando la voz cuando debería hacerlo. Critico a muchos pero me critico a mi misma cuando no hice lo que quería hacer. Me pongo a prueba todo el tiempo. Soy un blanco fácil para el que se de cuenta. Pueden tratar de tirar una lanza sobre mi, pero me estoy convirtiendo en metal. No siento que algo me pueda destruir, aunque tenga toda un arma cargada pueden disparme en la cabeza, la bala llegara lejos muy lejos pero no pasara por mi cerebro. No herirá mis pensamientos, no herirá mis sentimientos. Si una lanza me atraviesa el corazón no voy a resistirlo porque estoy hecha de carne y hueso, pero ¿qué posibilidades hay de que me pase eso?.No podrán romper mi cabeza. Si pienso profundo y alejandome de mis emociones puedo ver que soy egoísta porque la vida me hizo serlo. Porque yo quería y quiero demasiado lo que es mio lo que tengo porque he luchado para tenerlo, porque me he esforzado. Porque cada cosa que tengo ahora, se la debo a las personas que siempre me dijeron "cuida lo tuyo". Y cuando quiera regalar lo voy a hacer desinteresadamente, pero no me gusta que no valoren lo que he prestado y ahí pueden decirme incorrectamente "egoísta", pueden decir de mi lo que quieran pero soy de metal, mi cerebro se vuelve litio y me importa ya, muy poco encajar. Me importa muy poco porque se quien soy, soy fuerte y luchadora. No estaría acá sentada escribiendo si no fuera por mis ideales. Tomo mis medicamentos, hago mi vida, si un sentimiento me consume lo voy a expulsar por donde quiera salir, diciendo, haciendo mucho o poco. Yo no tengo miedo. Yo no tengo miedo realmente soy como un pilar de metal.
La bipolaridad toma personas y las hace victimas de estados alternados de euforia y depresión. Nos lleva al cielo y al infierno. Caminamos hacia el resplandor o corremos de las tinieblas. Podemos exaltarnos sin limites o abatirnos de una forma intolerable. Y escribiendo esto ahora no siento que me merezca todo o que no me merezca nada. No siento que me ame en demasía o me odie. Estoy llevando una vida normal utilizando mi estabilizante querido, mi Litio, tal vez entre la eutimia y la hipomania, tal vez, nunca lo voy a poder ver tan claro en que título estoy, pero eso no importa,
¿Qué soy?. ¿Quién soy?. ¿A dónde voy? Soy cerebro de metal. Soy humana de carne y hueso. Voy por el camino de resplandor y tinieblas porque quiero fijar mi trascendencia.
viernes, 1 de agosto de 2014
jueves, 31 de julio de 2014
Sombras de sueños escondidos
Ha cambiado el clima seco todo se humedeció, no supe darme cuenta no lo pude prever. Estuve hablando con extraños , pero no pude dialogar sobre la noche con humedad. No debía llover esta noche. Las nubes están llorando.
Caigo lento sobre un montón de sábanas que no definen un color, y el agua no me invade por fuera, el torrente está dentro recorriéndome los órganos.
No debía llover esta noche, porque no debía aflojar las cuerdas de mi resistencia, no debía alejarme tanto de la mesa ni acercarme tanto a la ventana.Termino de caer sobre los trapos de mi cama, todo es molesto pero no tengo la fuerza de voluntad para acomodarlos, las almohadas no son cómodas, mi cabeza se siente mal. Esta confundida. Duermo por el efecto del día, del clima, de las pastillas y caigo en un sueño profundo. Voy cayendo lentamente por el aire y logro meterme dentro de la cima de un volcán y me hago una con la lava.
Los peores sueños aparecen esta noche, uno tras otro. No debía llover, las nubes no tenían razones para llorar. El viento, el sol dieron todo de si estos días. El invierno era extraño no tenia que convertirse en un invierno mas.
Levanto mi mano izquierda y veo cómo mi cinta roja ya no está, no siento dolor y puedo ver como mi cuerpo se derrite, siento que soy espesa en cuestión de segundos. Caigo fuerte en un colectivo, desnuda sobre las piernas de una persona que me penetra. Desde arriba veo sus ojos que me miran, no hay pupilas, sus ojos son totalmente blancos. Pero no puedo moverme. No puedo dejar de mirar esos ojos que me parecen tan extraños, lo blanco se esta saliendo de lugar, se corre. Una fuerza que no es la mía me impulsa a una mesa en el colectivo, donde sigo desnuda y me traen un esmalte para mis uñas, para que no me sienta desprotegida. Mi pinto la uña del dedo pulgar de mi mano izquierda. No queda bien el esmalte, su color es como el color del semen... y me doy cuenta que realmente es semen lo que han traído para que me pinte las uñas. Miro alrededor porque no estoy conforme con el color. Sin embargo todas las mujeres del colectivo quieren usar el esmalte. Salgo de la mesa donde me apoyaba y el piso se vuelve agua gris y me succiona. Otra vez lento pero no tengo miedo, no siento miedo hasta ahora. Me siento parte de esa agua gris mezcla de metal y otras sustancias que se hacen una conmigo. Yo creo que no debía llover esta noche, la humedad esta llevando mi mente a un estado donde hace mucho no había estado pero que sin embargo había evitado. Caigo en una cama de hospital, lento, otra vez. Las sabanas son blancas pero no estoy sola, aunque no logro ver bien quien mas esta en esas camas ordenadas perfectamente al lado mio. Miro al frente y veo que estoy a punto de dar a luz. Una mujer que no tiene apariencia de enfermera me sonríe diabólicamente, sus labios pintados bien rojos sus dientes bien blancos, tez blanca; se muerde el labio inferior al verme desconcertada y abierta de piernas. Me dice: "vamos a sacarlo". Abro los ojos y tiro mi cuerpo hacia atrás, miro el techo pero no logro verlo todo es muy blanco, es como si no tuviera mis lentes, sin embargo a ella pude verla bien nítida. Me acerca un niño que me sonríe y me habla, pero no le entiendo. Está vestido, me acaricia el brazo parece tener mas de un año. Aparecen mis padres pero no pueden cruzar el umbral de lo que parece la puerta de esa enorme sala. El niño se baja sólo por su cuenta para saludarlos. Y yo quiero gritarles que no es mi hijo, no puede que sea así, ¿cuánto tiempo tiene?. Sin embargo el niño camina extraño hacia ellos y mis padres lloran de felicidad. La mujer de labios rojos me dice: "aun no hemos terminado". Comienza a sacar libros y libros, y mas libros de mi vagina. Como si yo fuera una pequeña biblioteca. Sin embargo los libros no están cubiertos de sangre, ni de placenta; pero están humedecidos con algo en las puntas. Cierro los ojos. Tal vez, si dejara de llover no estaría soñando esto y podría despertarme.
Abro mis ojos y estoy en una habitación pequeña, sentada en una silla al lado de una cama en un hospital pero no hay nadie sobre ella. Miro a mi derecha y veo otra silla con una señora. Me paro para acercarme, pues esta vez me pasa como antes, es como si me faltaran mis lentes. Es mi abuela fallecida sentada que me mira desde alli con los ojos blancos como me miraba aquella persona que me penetraba en el colectivo. Me dice cosas que no entiendo, siento miedo por primera vez. Y cuando sentí miedo... fue cuando pude despertarme.
Abro los ojos, no veo nada, esta todo oscuro. Busco mis lentes. Con las manos los encuentro en mi cama. Me los coloco, puedo ver la ventana, puedo ver el cielo que no esta tan negro y la media sombra sobre el patio se mueve por el viento. Son las cuatro de la mañana, decido seguir durmiendo, no me saco los lentes esta vez. El miedo puede despertarme otra vez, no siempre tengo que ser tan valiente.
Mi mente viajo como antes y sé que el clima tuvo que ver.
Probablemente, tal vez... si debía llover esta noche.
Caigo lento sobre un montón de sábanas que no definen un color, y el agua no me invade por fuera, el torrente está dentro recorriéndome los órganos.
No debía llover esta noche, porque no debía aflojar las cuerdas de mi resistencia, no debía alejarme tanto de la mesa ni acercarme tanto a la ventana.Termino de caer sobre los trapos de mi cama, todo es molesto pero no tengo la fuerza de voluntad para acomodarlos, las almohadas no son cómodas, mi cabeza se siente mal. Esta confundida. Duermo por el efecto del día, del clima, de las pastillas y caigo en un sueño profundo. Voy cayendo lentamente por el aire y logro meterme dentro de la cima de un volcán y me hago una con la lava.
Los peores sueños aparecen esta noche, uno tras otro. No debía llover, las nubes no tenían razones para llorar. El viento, el sol dieron todo de si estos días. El invierno era extraño no tenia que convertirse en un invierno mas.
Levanto mi mano izquierda y veo cómo mi cinta roja ya no está, no siento dolor y puedo ver como mi cuerpo se derrite, siento que soy espesa en cuestión de segundos. Caigo fuerte en un colectivo, desnuda sobre las piernas de una persona que me penetra. Desde arriba veo sus ojos que me miran, no hay pupilas, sus ojos son totalmente blancos. Pero no puedo moverme. No puedo dejar de mirar esos ojos que me parecen tan extraños, lo blanco se esta saliendo de lugar, se corre. Una fuerza que no es la mía me impulsa a una mesa en el colectivo, donde sigo desnuda y me traen un esmalte para mis uñas, para que no me sienta desprotegida. Mi pinto la uña del dedo pulgar de mi mano izquierda. No queda bien el esmalte, su color es como el color del semen... y me doy cuenta que realmente es semen lo que han traído para que me pinte las uñas. Miro alrededor porque no estoy conforme con el color. Sin embargo todas las mujeres del colectivo quieren usar el esmalte. Salgo de la mesa donde me apoyaba y el piso se vuelve agua gris y me succiona. Otra vez lento pero no tengo miedo, no siento miedo hasta ahora. Me siento parte de esa agua gris mezcla de metal y otras sustancias que se hacen una conmigo. Yo creo que no debía llover esta noche, la humedad esta llevando mi mente a un estado donde hace mucho no había estado pero que sin embargo había evitado. Caigo en una cama de hospital, lento, otra vez. Las sabanas son blancas pero no estoy sola, aunque no logro ver bien quien mas esta en esas camas ordenadas perfectamente al lado mio. Miro al frente y veo que estoy a punto de dar a luz. Una mujer que no tiene apariencia de enfermera me sonríe diabólicamente, sus labios pintados bien rojos sus dientes bien blancos, tez blanca; se muerde el labio inferior al verme desconcertada y abierta de piernas. Me dice: "vamos a sacarlo". Abro los ojos y tiro mi cuerpo hacia atrás, miro el techo pero no logro verlo todo es muy blanco, es como si no tuviera mis lentes, sin embargo a ella pude verla bien nítida. Me acerca un niño que me sonríe y me habla, pero no le entiendo. Está vestido, me acaricia el brazo parece tener mas de un año. Aparecen mis padres pero no pueden cruzar el umbral de lo que parece la puerta de esa enorme sala. El niño se baja sólo por su cuenta para saludarlos. Y yo quiero gritarles que no es mi hijo, no puede que sea así, ¿cuánto tiempo tiene?. Sin embargo el niño camina extraño hacia ellos y mis padres lloran de felicidad. La mujer de labios rojos me dice: "aun no hemos terminado". Comienza a sacar libros y libros, y mas libros de mi vagina. Como si yo fuera una pequeña biblioteca. Sin embargo los libros no están cubiertos de sangre, ni de placenta; pero están humedecidos con algo en las puntas. Cierro los ojos. Tal vez, si dejara de llover no estaría soñando esto y podría despertarme.
Abro mis ojos y estoy en una habitación pequeña, sentada en una silla al lado de una cama en un hospital pero no hay nadie sobre ella. Miro a mi derecha y veo otra silla con una señora. Me paro para acercarme, pues esta vez me pasa como antes, es como si me faltaran mis lentes. Es mi abuela fallecida sentada que me mira desde alli con los ojos blancos como me miraba aquella persona que me penetraba en el colectivo. Me dice cosas que no entiendo, siento miedo por primera vez. Y cuando sentí miedo... fue cuando pude despertarme.
Abro los ojos, no veo nada, esta todo oscuro. Busco mis lentes. Con las manos los encuentro en mi cama. Me los coloco, puedo ver la ventana, puedo ver el cielo que no esta tan negro y la media sombra sobre el patio se mueve por el viento. Son las cuatro de la mañana, decido seguir durmiendo, no me saco los lentes esta vez. El miedo puede despertarme otra vez, no siempre tengo que ser tan valiente.
Mi mente viajo como antes y sé que el clima tuvo que ver.
Probablemente, tal vez... si debía llover esta noche.
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