Como hierro caliente, mi mente se enciende y se multiplica el universo en cada segundo que le doy paso a mi sangre por mis venas. Como quema un hielo cuando lo aprieto sobre mi cara e irónicamente quiero soltarlo como si tuviese una brasa ardiendo en mis manos que a la vez me hace sentir helada. Quisiera que no se quedara esta sensación de delirio, porque es una condena a la cual fui sentenciada antes de tal vez ser amada. Y quisiera que no existiera, mi carcelero no me da tregua, vivo sentenciada a ser tu carne vivir en tu celda. Presa, esclava, arrestada de tus tiempos, de tus tantos episodios. Prisionera, cautiva, forzada de tus locuras, de los altibajos de mis estados de animo. En las mañanas se hacen casi imperceptible, las barras de esta jaula. Va pasando el tiempo y el sol se va escondiendo y cuando cae la tarde siento que algo me falta o que algo empieza a fallar. Se vuelven interminables las noches a veces. Y entre alegría y mal humor ya casi no tengo puente. Y estas noches no son grises, los colores resaltan y aunque sea a lo lejos puedo ver que estoy encerrada. Es una tortura, me siento tan ignorada, a pesar que me hablan, que me atienden me siento esclavizada de esta sensación de menospreciada.
Quisiera que en este momento mi mente se arreglara, porque ya no me gusta ver un arcoiris en el techo de mi habitación y sentir que esta bien, que es correcto. Y quisiera que no existieras, mis ideas no me dan tregua, vivo sentenciada a ser atravesada por tus síntomas, tus tratamientos, y todo lo que quieras.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario