lunes, 21 de julio de 2014

Cuando se nace en el olvido

Tantas veces te sentiste como si estuvieras en el cielo, por amor. Tantas veces dijiste te amo a tantas personas diferentes. Pero tu primer "te amo" no resulto ser fruto de un verdadero amor, el paraíso que te mostraban tus ojos no era lo que realmente había, no había un cielo para tu amor. Lo que veías era lo que quería tu corazón que hubiera, pero no era ese sentimiento. Tantas veces parándote allí pensando que tu príncipe estaba por venir para llevarte nuevamente al cielo, pero no era mas que un romance de hora. Entregabas tu alma pero no estabas encima de las nubes. Las circunstancias con las que creciste hacían ver tu vida desde afuera para los demás como una rosedal creciendo en medio del desierto. Nadie entendía como podías lucir tan sonriente. La vida te golpeaba como a aquel cartel flojo de ese negocio que se golpeaba con cada ventarrón, que nunca se cayo pero iba deteriorándose. Y un día en tu cama sola soñaste vivir una realidad que todos vivían rutinariamente, cuando vos estabas parada y los demás caminaban mirándote o chocandote con sus carpetas o abrigos como si fueras parte del aire, como si no hubiese nada allí. Y de ese sueño despertaste triste, sollozando y no había mas que una vieja almohada para consolarte. No había una ventana para que miraras las estrellas ni la luna. Tu corazón sentía frío, tu cara era un fiel reflejo de ese desierto que representabas. Lagrimas habían inundado tu rostro y cuando ya no había porque llorar, era tu cara un desierto de sal. Tantas veces dijiste te amo sin pensar, solo sabias que era una palabra que habías escuchado en otros. Era una palabra que habías leído varias veces en una pared. Pero en toda tu vida nadie te había amado, nadie te había dicho "te amo". Eras prisionera de un cuento de princesas donde se comienza con ese: "había una vez"... lo sabias, por ese bar donde una vez reprodujeron una cinta de esas. Y te preguntaste si alguien podrías amar, y supusiste que si por eso era fácil tu "amo". No trabajabas mas que por vivir para comer, tener donde bañarte y dormir. Y tu trabajo era duro era lo que te habían hecho conocer, era lo que conocías, no había otro trabajo para tu cielo. En esos momentos en que esas personas pagaban un precio por tu amor y tu belleza creías que ibas a poder salir adelante. Los dolores eran moneda corriente. Los moretones piedras en tu camino para sentirte bonita. No sabias que esos sentimientos no eran correspondidos, pero cada vez que te destruían de alguna forma te hacías mas fuerte y eras una luchadora, incomprendida, señalada, usada... Nadie sabia de vos pero todos por allí creían conocerte. Tantas veces quisiste ser una amiga, tener una amiga pero cada quien cuidaba lo suyo y era un constante nido de víboras queriendo aprovecharse de tu ignorancia, dándote sustancias que hacían que vivieras sobre las nubes. Tantas veces hasta que un día la almohada que fue tu pañuelo tantos años así como te vio llorar te vio morir. Una chica mas, un numero mas para las estadísticas de muertes de tu ciudad. Ninguna de las personas a las que le habías dicho te amo le importó tu muerte porque ni siquiera recordaban tus ojos, tus "te amo" tu sonrisa. Nadie te había enseñado a escribir ni leer, pero esa frase si podías entender. Esas paredes, esos bancos, también esos baños. En este mundo no tuviste tu realidad como vivías tu fantasía. El rosedal se secó en el desierto. Ahora quizás estés, donde querías y sea real, por primera vez, real.

No hay comentarios.: