jueves, 2 de octubre de 2014

No es de malo maldecir

Maldito deseo de mi piel que parece que tuviera vida propia. De un momento a otro cambia su temperatura por otro ser. No lo justifico, no lo perdono, no le doy una palmadita en la espalda a esa reacción. Pero tampoco puedo castigarla, no puedo juzgar algo que sale por salir. Algo que no tiene ganas de mentir y se expresa abiertamente. Malditos pensamientos que llevan la fidelidad de mis valores a lo mas oscuro de las tinieblas. Esos pensamientos que me esclavizan cuando quiero salir adelante con mi vida. Pensamientos que no puedo frenar, son como autos de carreras en una autopista. No puedo llegar a ellos, no los puedo alcanzar, sin embargo ellos a mi si. Malditos los cuerpos vírgenes, los fetiches, todo lo que no tiene que ver con lo "normal" que hace excitar. Que hace esconder quien es uno o que hace salir al que mas miedo da. Maldito el tiempo que pasa rápido con quien quiero, que pasa lento con quien no quiero, que no pasa con quien deseo y que no me da tregua para madurar. Malditos los ojos claros, los ojos verdes o azules que me vuelven loca, que son la razón de tantos delirios nocturnos, idas y vueltas en la cama y el sueño no pueden hacerme conciliar. Malditas las enfermedades mentales que no justifican los actos fraudulentos y turbios de una relación. El alma requiere tan pocas cosas, ¿por qué el cuerpo necesita muchas? Malditas las normas, las reglas, quien invento lo que esta bien y lo que esta mal. Siento que haga lo que haga no me voy a arrepentir. Pero la sociedad me impone lo contrario. Me condena. Me indica valores y que hay cosas que uno se debe replantear. Entonces maldita yo que no puedo controlar mis actos, mi frases, mis escritos, mis enojos, mis impulsos. Maldita mi mente que no quiere dejarse controlar. Maldita la sociedad, los papeles, lo rutinario. Maldito todo lo que me hace tanto bien como mal, porque al final de cuentas es la misma historia. Bien o mal, ¿quién es el que juzga? ¿quién tiene derecho por sobre mi para decirme que esta mal algo? Malditas las obsesiones que me atrapan en una jaula de barrotes bien gruesos para que no pueda salir. Y estoy ahi por horas que llego a disfrutar del encierro y del maquinar mis ideas para repetirlas una y otra vez; hasta sentirlas en el cuerpo, hasta creer que lo logre. Pero solo son idealizaciones en mi cabeza. Hasta que me liberan de la jaula y todo vuelve a empezar. ¿Por qué esa necesidad de ejercer poder sobre mi propia voluntad?. Malditos esos, aquellos y estos. Malditos todos los que me perturban. Maldita yo que me dejo perturbar caminando hacia mi propia destrucción cargada de gloria, batallas ganadas, o que me dejaron ganar. Es fácil señalarme con el dedo, porque no quiero ser un anónimo. Malditas mis ganas de hacerme notar. ¿Quién dijo que es inútil volver sobre lo que se ha sido? ¿Quien dijo que va a ser ilógico volver sobre lo que se es? Hoy maldigo todo. Pues mis maldiciones no van mas allá de estas palabras. Maldigo porque me desahogo. Maldigo porque sino, me ahogaría con el propio aire al ya no poder decir con palabras habladas lo que pasa por mi mente, lo que siento que me aprieta en mi cabeza, lo que forman mis ideas. Viéndome a mi, viendo al otro y a los demás.

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