martes, 6 de mayo de 2014

La ironía de mi vida

Sólo se trataba de una chica que vivía en un barrio que casi nadie conocía, y creció jugando lo que su padre le regalaba cada vez que cobraba. Su madre y su hermano eran parte también de esa casa, en el barrio donde creció.
El tiempo fue pasando, ya estaba en el secundario y cantaba en el coro de la iglesia, ya le gustaba destacarse; comunión y confirmación hechas, que mas se le podía pedir aparte de las buenas notas. Siempre con las amigas más buenas.
Pero un día dejo de ser niña y  comenzó a salir, a ver chicos. Se perfumaba, se maquillaba. Salía de su casa de pantalones y campera. Pero llegaba a destino con gran escote y pollera.
Ella quería conquistar la noche bailando, más y más. Así tuvo cientos de romances de una noche o tal vez más. La niña del barrio ya no era niña, era una mujer. Aun así le gustaba caminar por las calles de tierra. Ver animé. Y jugar juegos de computadora. Y sin importar la hora que sea también le gustaba volver a su casa caminando.
Ella creía que nunca algo podía pasarle, y así fue. Caminaba de madrugada. Se relacionó con gente que se drogaba mucho. Ella tomaba mucho alcohol, fumaba en exceso los fines de semana. Relaciones sexuales prematuras y descuidadas, pero nunca nada malo pasaba.
Ella vivía su mundo como nadie.
Había muchos chicos que daban todo por su amor de alguna forma, pero ella no quería esos. Ella quería lo difícil, lo complicado, lo que ella fue una vez, lo inocente.
Una extraña para todos caminando y cruzando el puente que va a los pubs. Dentro del Boliche, Baile o Pub no le importaba estar sola, siempre alguien podía invitarle algo para tomar, siempre había algún conocido.
Y si, siempre había alguien que perdía o ganaba, pero ella siempre ganaba, y los otros perdían la cabeza.
Una extraña fuera de su barrio esperando cumplir lo que su ser le pedía.  Más, más, más … no iba a morir, no iba a tener un accidente, no iba a contagiarse de alguna enfermedad, no iban a robarle o violarla, ya más no podían lastimar su corazón. Ella estaba segura.
Nunca dejo de creer que nada iba a pasarle.
Y vivió esa vida muchos muchos años. Hasta que un día tanta actividad le jugo una mala pasada, fue al hospital y otra persona mas fue diagnosticada con trastorno bipolar.

¿Que irónico no?

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