domingo, 17 de agosto de 2014
Sábado de hipomanía
Primero me encontré sin saber que hacer, porque venia subiendo como por una escalera mecánica toda la semana. No sabia lo que me esperaba arriba pero no quise volver la mirada por encima de mi hombro para añorar lo que dejé atrás. Tenia una especie de miedo que mi ser no había sentido antes pero la adrenalina cada vez era mas fuerte, el deseo de seguir sin importar si iba a tambalear. Y ahora estoy, acá estoy no di vuelta atrás y no me importa lo que acabo de dejar en el pasado. Mis pasados no son tan eternos. Estoy llevando el día con los ojos pesados, como si mis parpados fueran atraídos por la gravedad al centro de la tierra... solo dormí 5 horas, sobreviví hasta ahora. Esto no me alienta, no me hace mejor, sé que empeora mi enfermedad o mi estado: sé que la aceleración me hace mal, me hace vulnerable a mi misma y me hace violenta con los demás. Anoche fui un pilar y también fui una pasta larga cocida. Mientras bailaba al ritmo de la música que me apunaba los oídos y no tenia mas que un hielo derritiéndose para tomar. Si miraba arriba me mareaba la luz si miraba abajo no podía coordinar. Así que no miraba nada, cerraba los ojos y me dejaba llevar. A medida que pasaba el tiempo la gente que puede tomar alcohol pero que no debería se ponía mas "pesada". Bailaban y se tiraban encima de uno porque no podían mantenerse en pie. Sentía que mi ira recorría mis venas pero me controlaba. Tenia el guardia de seguridad en frente. Y cada vez que podía tiraba alguna patada disimulada. Me pregunto si debí haber salido, pero no me cuestiono mis ganas de disfrutar la música. Aunque no niego que me hubiese gustado estar parada en una tarima bailando sin que nadie me roce, sin que nadie me moleste. Bailando como si fuera la ultima noche como hice siempre. Esas épocas pasaron. Maldita sociedad que no sabe tomar. Los muchachos se acercaban a nuestro grupo de 5 mujeres, fuimos las mas forras del boliche... Pienso como cambiaron los tiempos, de adolescente yo era más simpática. Hasta con las personas de mi mismo sexo. Ahora siento que la pista es un campo de batalla. Gana el que empuja más, el que tiene mas fuerza, el que llevo el calzado mas pesado para pisar. ¿Así tengo que sentir una salida? ¿Así tengo que vivirla? Yo me divertí a pesar de la música electrónica que la detesto, a pesar de los empujones y los ebrios del lugar. Así viví mi noche de hipomanía. Antes de salir prácticamente con unos nervios que me comían las costillas. Una vez entrando ya sin miedo. Y a la salida una máquina de hablar. Sólo dormí 5 horas, esta mal seguramente hoy sino duermo lo que debo la paguen los que me quieren mas. Pobre del que diga algo que haga sangrar mis oídos... y del que diga que no debí haber salido.
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